Fui a Buenos Aires por trabajo, por cuatro días. Agustín fue conmigo. Viaje en avión. Alegría que desbordaba, todo lo maravillaba, pero a la vez se lo veía tan seguro de sí mismo.
Tres veces en dos días gente extraña me felicitó por lo bien que se portaba, por lo educadito. Será que entonces valen la pena las canas verdes que me saca tooodos los días?. Parece que sí.
Mauricio ya cumplió sus diez meses. Gatea detrás del padre como un loco gritando papapapapap. Mamá, no le sale ni ahí. Hasta llama al perro, pero a mi nó. Creo que es una forma de ignorarme. Porque lo dejé cuatro días, o porque trabajo muchas horas, no sé. Quizás el chico me ama y yo me estoy enrollando.





